Ya la higuera ha florecido,
los granados están en cierne,
ya están las primicias de la esperanza;
la primavera ha acaecido,
la flores están en su perenne
y maravillosa pujanza
de darle un disfrute a la vida.
Se abren los pétalos de una rosa
para lucir sus primeros encantos;
la mañana comienza con su florecida
aurora bella y olorosa,
donde los pájaros emiten sus primeros cantos.
El sol destella por primera vez
un rayo de luz fulminante;
ya las labranzas dan las primeras semillas;
la vida en su tez
ilumina toda gloriosa y radiante
engendrándonos sus pepitas alimenticias.
Y gozoso un nonato,
con su rostro sonriente
está ansioso por jugar ferviente
la ruleta rusa de la vida,
olvidando que enfrentará lo ingrato,
para crecer floreciente
en una mañana florida.
Dará sus primeros pasitos,
su primera sonrisa,
sus primeras palabras;
tendrá sus primeros juguetitos,
su primera caricia,
y del amor, sus primeras sombras.
En la vida siempre existe lo primero,
y de allí, viene el después;
los sueños están por delante,
pero las ilusiones vienen en su mero
vivir que a su vez
desaparecen un bello instante.
Pero hagamos fructificar a la esperanza;
cosechemos de ella frutos de delicias,
delicados con toda su belleza.
Vamos, abriguemos de elegancia
sus huertos con alegrías
que embellecen la naturaleza.
